Pepe Cerdá en La Carbonería






Bajo ahora mismo de La carbonería y llevo todavía en la retina todo el poderío que se desprende de las acuarelas que cuelgan en sus paredes. Las de Pepe Cerdá. La exposición recuerda mucho a la de la CAI de Zaragoza hace unos años, en la escala oportuna. Y demuestra, una vez más, que como advirtiera Antonio Saura en su conferencia de principio de los noventa en la Escuela de Magisterio de Huesca, la belleza no tiene nada que ver con el tamaño. Que lo bello es lo intenso, fueron sus palabras textuales.
Las acuarelas de Pepe tienen la misma intensidad que sus grandes formatos. Sorprenden porque es capaz de crear nuevos espacios que son, por descontado, completamente diferentes a la realidad de la que están extraídos. No es necesario leer sus declaraciones, siempre explosivas, para ver que estamos ante un extraordinario comunicador de realidades con independencia del sistema de comunicación que elija. Si con las palabras pretende excitar las mentes vagas de sus conciudadanos, y lo logra con frecuencia (basta con pasearse de vez en cuando por su blog) sus imágenes constituyen un baño de agitación para cualquier mirada. Incluso para las de quienes nos acercamos a ver algo que, de antemano, sabemos nos va a gustar.










1 comentario:

Pepe dijo...

Gracias, Fernando, por esta reseña de mi exposición. Hace tiempo que no entraba en tu blog y he descubierto a través de Antón que habías escrito de mi.
Me emociona, que además de ser amigos y colegas, aprecies mis pequeñas acuarelas.
Muchas gracias.
Pepe Cerdá