Vacaciones, o casi

Las cercanías de la ciudad han ofrecido siempre a los oscenses rincones para pasar un rato a la fresca. Cuando el automóvil no era de uso normal, al Guatizalema y sus badinas se iba, pero muy de ciento a viento. Lo habitual era pasear hasta la fuente de Marcelo, Jara, y algunos otros enclaves joteros.
Por eso no es de extrañar que entre mis primeros dibujos a plumilla (las ciento y pico primeras aguadas de tinta china que constituyerosn la serie -todavía no definida como tal- de invitaciones para la boda) hubiera varios de la fuente de Marcelo. Como este soto cuya ubicación he olvidado pero que fue asunto reiterado en mi trabajo de los años setenta. Cuando pensaba que existían las vacaciones.



Me debía de gustar lo suyo. Hice alguna versión al óleo. Incluso lo usé como fondo del retrato de mi tía Teresa, incluyendolo como parte del mobiliario de el fumador. A través de la ventana que daba a la galería, puede verse la parte trasera del convento de Capuchinas. La calle de María Auxiliadora y sus tres torres no eran en ese momento ni un proyecto. Solo en caminico del ruiseñor con sus habituales matas de petiquera...

1 comentario:

Javier Torres dijo...

Ese retrato de tu tía Teresa me parece precioso, muy sugerente y bello.

Lo vi en vacaciones y me gustó, y cada vez vez que vuelvo lo miro y me parece mejor... y si no te lo digo me sale un sarpullido.

Saludos