Las musas




Está claro que las musas no pueden pillarte de copas, o no deberían, creo yo, si fueran mínimamente decentes. Durante mucho tiempo había pensado que no existían, llevado seguramente por algún afán científico de esos que niegan cosas tan evidentes como la existencia de san Jorge, aparecido en la batalla de Alcoraz.
Ahora sé que sí son verdad, pero distan mucho de reificarse como hermosas zagalas con tejidos vaporosos o cualquier otra representación clásica. Una musa infalible, por ejemplo, que se me aparece de manera segura, es la nieve. Aunque se trate de una nevadeta que dure lo que un caramelo en la puerta de un colegio, ahí está ella, metiéndome prisa en el cuerpo para llegar al estudio.
La última, vista y no vista, produjo la imagen que acompaña a este texto, aquí abajo, en una primera sesión que ya veremos como sigue. Se trata de una tela de un metro por cincuenta centímetros, o así. El apunte lo había tomado hace días, desde la puerta el vicerrectorado del campus de Huesca, tras una reunión, un día bastante soleado, por cierto. Pero lo usé para responder a la llamada de una de mis musas preferidas. Hay otras, por descontado, pero todas parecen preferir el invierno. Cuando el verdor de los campos de la Hoya te hace dudar de la realidad de esta tierra seca y dura.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Es una pena porque en mi ordenador no me aparece el cuadro de la nieve que pintaste. ¿Puedes volver a ponerlo, para poderlo ver? Gracias

Fernando dijo...

Supongo que ya lo podrás ver. Ayer lo volví a colgar. Yo tampoco lo veía.

Anónimo dijo...

Muchas gracias. Muy bonito

Anónimo dijo...

No lo toques, así está cojonudo.
Saludos
Pepe Cerdá

Fernando dijo...

Lo tendré en cuenta. Muchas gracias